ANÁLISIS ¿Está todo realmente "bajo control" en Irán?

Las cartas abiertas, una tras otra, acusan al líder supremo de ignorar los problemas que anunciarían la caída de la República Islámica.

El 21 de marzo de 2018, los iraníes celebraron su nuevo año persa 1397. El líder supremo del país, Alí Jamenei, también pronunció un discurso de año nuevo en el que afirmó enfáticamente que había “libertad de expresión” en la República Islámica. Su declaración fue errónea, porque lo que falta en Irán no es la “libertad de expresión” en sí, sino la “libertad después de la expresión”. Es por eso que cientos de activistas políticos y de la sociedad civil están tras las rejas y cumplen largas condenas en prisión.

A comienzos de abril, la República Islámica celebró los 40 años del Día de la República. En 1980, más del 98% de los iraníes en un referéndum votaron a favor de una constitución que llevó al establecimiento de la República Islámica. Sin embargo, cuatro décadas después, el ideal de la “Sociedad Islámica Justa” no se ha realizado. La revolución no solo no ha logrado traer ningún cambio positivo en el país, sino que también lo ha llevado al borde de la bancarrota.

Sorprendentemente, la organización militar más grande de Irán, los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), también admitieron públicamente, por medio de una declaración, que el desempeño de la República Islámica en la llegada de sus 40 años de aniversario era gravemente cuestionable.

De acuerdo con las declaraciones, ha dejado muy atrás sus ideales debido al tribalismo político y la falta de coraje al momento de combatir la corrupción, pobreza y discriminación.

Unos días después, el 5 de abril, se publicaron tres cartas abiertas de manera simultánea, todas ellas dirigidas al Líder Supremo.

La primera carta, fue escrita por Abul-fazl Ghadyani, político de alto rango y miembro de los Guerreros Santos de la Revolución Islámica, una organización fundada en 1979 por seguidores no-clérigos del Ayatolá (líder religioso de los chiítas) Ruhollah Jomeini. Ghadyani se refirió al líder supremo como “un mentiroso del calibre de Joseph Goebbels”, ministro para la Ilustración Pública y Propaganda de Hitler quien creía que “en la gran mentira hay siempre una cierta fuerza de credibilidad”.

La segunda carta provino del Movimiento por la Libertad de Irán, un partido establecido en 1961 por Mehdi Bazargan, quien sirvió como jefe del gobierno interino de Irán después de la revolución de 1979. Esta carta advirtió sobre la bancarrota del país en términos sociales, políticos y económicos.

La tercera carta estaba compuesta por 30 páginas y tenía más de 300 firmas. La mayoría de los signatarios son antiguos miembros intransigentes de la Fuerza de Resistencia Basij (Sazman-e Basij-e Mostaz'afin), una milicia paramilitar voluntaria establecida en 1979 por orden del ayatolá Jomeini, y una de las cinco fuerzas del CGRI. Los signatarios comparan sistema político islámico actual con “un cuerpo sin alma, echado a perder desde el interior”.

En esta tercera carta se critica a todas las instituciones públicas, incluyendo aquellas que funcionan por orden del líder supremo y argumentan que estos órganos operan en contra de la misma filosofía de su existencia. Lo que es más importante, se refieren a la Organización de Protección de Inteligencia del CGRI como una fuente de interrupción en el país, y también acusan al aparato de política exterior de estar involucrado en el “imperialismo regional”. Según ellos, la República Islámica necesita reformas fundamentales. Y, sorprendentemente, se refieren al expresidente Mahmoud Ahmadinejad como la única persona que representa las demandas públicas para tales reformas.

Aunque cada una de estas cartas proviene de diferentes trasfondos políticos y sociales, el punto en común en éstas es que todas ellas van dirigidas al líder supremo. Esto significa que ven al líder como la fuente de todos los problemas en el país.

Más allá de esto, al leer entre líneas, las cartas también revelan un punto importante: la “senilidad” de la República Islámica, al hablar en el contexto de la teoría cíclica del levantamiento y la caída de dinastías del historiador musulmán del siglo XIV Ibn Khaldun. Pero mientras que Ibn Khaldun propone una vida útil de 120 años para que las dinastías alcancen la senilidad y mueran, el actual estado de asuntos de la República islámica indica haber llegado a este punto senil al aproximarse a sus 40 años de aniversario. Muchos observadores independientes y analistas están de acuerdo con esta perspectiva.

En este punto, deberíamos formular algunas preguntas: ¿Por qué la República Islámica llegó tan rápidamente a la senilidad? ¿Cómo abordan los líderes iraníes este tema? ¿Cuáles son las opciones que tienen?

Técnicamente hablando, en cualquier tipo de sistema de gobierno, incluso en las mejores democracias, surgen problemas. Pero, de nuevo, en los sistemas democráticos hay un mecanismo de transparencia que se ha construido para que los líderes identifiquen los problemas en sus primeras etapas antes de que sea demasiado tarde. El primer y más importante requisito previo para solucionar un problema es reconocer su existencia, es por eso que se dice que el tratamiento de un paciente mental es más complicado que el de uno con cáncer, ya que el afectado no acepta o se da cuenta que está enfermo.

Habiendo dicho esto, el problema principal de la República Islámica es que sus líderes nunca aceptan las realidades a tiempo. Hace unos años, Mohammad Jatamí, expresidente de Irán, en vista de la creciente brecha entre las fuerzas políticas, sugirió reforzar el discurso del “diálogo nacional”, pero su idea no fue escuchada. Tiempo después propuso la noción de una “reconciliación nacional”, y el mismo líder supremo la ridiculizó públicamente.

Recientemente, se propuso el “salvación nacional”. No obstante, el reciente discurso del Líder Supremo indica que no se da cuenta de la profundidad de la crisis. La razón principal es que su opinión sobre la situación sociopolítica del país proviene de una docena de boletines diarios cuidadosamente preparados por un pequeño círculo. Estos informes no describen la situación real y con frecuencia terminan con el estereotipo de que “todo está bajo control”.

En esencia, el resentimiento público en la República Islámica es un fenómeno recurrente, pero Irán ha logrado sobrevivir hasta ahora reciclando caras viejas. La psicología social iraní también ha sido receptiva a esta tendencia. De hecho, el dicho que dice que “el público en general no tiene memoria” aplica mucho con los iraníes.

Por ejemplo, el difunto Rafsanjani, que impuso al líder supremo actual en el país y también ayudó a abrir el camino para que el CGRI emergiera como un monstruo después de la Guerra entre Irán e Irak, había comenzado a ser visto como un Mesías por los iraníes en los últimos años de su vida. Más interesante aún, en las elecciones presidenciales de 2009, los iraníes se unieron a Mir Hossein Mousavi, cuyo lema principal era llevar al país “de regreso a la edad de oro del Imán Jomeini”.

A pesar de esto, hay indicios de que las personas se están dando cuenta gradualmente que el sistema actual no puede ser reformado y que la solución a su problema yace por fuera del sistema que los rige. Ya han cambiado el nombre del campo “reformista” por el “continuacionista” (Lo que significa que lo único que quieren es prolongar la vida de la República Islámica).

El sistema se está desmoronando desde el interior y cada facción y grupo está conspirando en contra de los otros. Es por eso que en su reunión de gabinete el 14 de febrero de 2018, el presidente Rouhani advirtió que “Todos estamos en el mismo barco. Si una parte de éste se destruye, todos nos vamos a hundir”.

Para la senilidad del sistema político iraní, también se debe agregar el deterioro físico de su líder supremo. Como resultado, las opciones para la República Islámica en general y del líder supremo en particular son limitadas.

La situación general ha hecho que el líder supremo dependa cada vez más del CGRI, que a cambio le ha dado a este último la oportunidad de considerar tomar el control del ejecutivo. En este sentido, el CGRI ha comenzado a probar las aguas y su máquina de propaganda ya está en movimiento. Por ejemplo, hace unos días, el Dr. Houshang Amirahmadi, presidente del Consejo iraní-estadounidense, un grupo de presión proiraní con sede en Estados Unidos, sugería en un artículo que Irán necesitaba un gabinete con atuendos militares para impresionar a Estados Unidos.

Entre tanto, el 8 de marzo, Hussain Allah Karam, un antiguo comandante militar radicalista argumentó que, dada la ubicación geoestratégica de Irán, la imagen de un militar en la presidencia sería más apropiada. El CGRI es altamente activo en el terreno para desestabilizar el Gobierno.

El escenario ideal para el CGRI es obligar a Rouhani a dimitir y asumir el poder por medio de una elección anticipada. Pero si Rouhani se resiste, el CGRI también puede optar por un golpe tradicional y dada la creciente crisis económica en el país, no es difícil en absoluto.

Sin embargo, los líderes iraníes deben estar bajo un engaño si piensan que el CGRI puede solucionar los problemas a los que se ha enfrentado la República Islámica. Según Ibn Khaldun, una vez una dinastía se ha vuelto senil, ningún poder puede devolverla a la juventud.

*Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no reflejan necesariamente la política editorial de la Agencia Anadolu

**Daniela Mendoza contribuyó con la redacción de esta nota.

YORUMLARI GÖR ( 0 )
Okuyucu Yorumları 0 yorum
Diğer Haberler